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En escena con Salva Bolta. Artes escénicas y diseño.

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En escena con Salva Bolta. Artes escénicas y diseño.

En escena con Salva Bolta. Artes escénicas y diseño.

Salva es un tipo con el que da gusto hablar. Mira a los ojos, transmite un respeto y una claridad envidiable, hasta en las dudas. Da valor a los silencios… Respira optimismo, seducción y amor por lo que hace, y a pesar de su larga trayectoria, da la sensación que cada obra es la primera. Opinamos que para ser un gran autor o director se ha de tener un ego muy pequeño, y con Bolta, a diferencia de lo habitual en el mundo de la farándula, hay que cavar muy hondo para encontrarlo.

Licenciado en arte dramático y actor en sus primeros años, trabajó también en proyectos de creatividad, publicidad, museología y artes plásticas en un sumar capas y capas a su background profesional. Ha trabajado como ayudante de dirección con grandes como Gerardo Vera, Mariano Barroso, Paco Azorín, Robert Wilson o Bigas Luna entre otros, y desde 1992, con la obra “El brujo” hasta el momento ha dirigido un importante número de obras, que se han representado en auditorios como el Teatro Maria Guerrero y Teatro Valle Inclán del Centro Dramático Nacional, Kursaal de Donostia, Teatros del Canal de Madrid, Teatro Central de Sevilla, Naves del Matadero de Madrid, Auditorio Nacional, y una infinidad de teatros de la geografía nacional.

Además de productor y escenógrafo, fue coordinador de dirección artística del Centro Dramático Nacional en Madrid, director de Sagunt a Escena, director artístico del madrileño Festival Escena Contemporánea y del novísimo festival Tercera Setmana que tuvo lugar en Valencia el pasado mes de junio, y que viene a relevar como referente y punto de encuentro al extinto festival VEO, del cuál también formó parte.

Salva y Boke se conocieron en la agencia de publicidad valenciana Publip´s con las campañas y el diseño gráfico para el Palau de la Música, y ahora han coincidido, el uno como diseñador gráfico y el otro como director, en Happy End, la comedia musical de Bertolt Brecht, Dorothy Lane y Kurt Weill, estrenada el pasado 2 de diciembre en el Teatro Principal de Valencia.


Boke: Lo primero querido es agradecer tu confianza para la imagen de Happy End y permitirme formar parte de tu lindo equipo de trabajo. Sabes que me encanta hacer carteles para artes escénicas, y máxime cuando lo hago para alguien que entiende de diseño y de publicidad. Un regalo.

Hablábamos en nuestras quedadas para el cartel de Happy End de los de Saul Bass para el cine y de los de Isidro Ferrer para el CDN entre otros. Un cartel además de fijar una imagen previa de la obra, antes de que hayan incluso fotos de escena y demás, y anunciarla en publicidad exterior, anuncios de prensa y revistas y demás, tiene vocación de quedarse para siempre uniéndose a la identificación de la misma en lo visual, al igual que el título de la obra lo hace en lo verbal. Con la (bonita) diferencia que el título permanece mientras que el cartel varía en cada producción.

Me alegré mucho cuando me dijiste que no querías el típico cartel con fotos de los actores. Y eso que el reparto de Happy End es brutal.

Salva: Para mi ha sido un honor poder contar contigo en este proyecto. Hace tiempo como bien dices, un tiempo que ya más vale dejar como indeterminado, que te conocí cuando trabajé como intruso en tu campo y desde entonces sigo tu estela y he visto tus trabajos para artes escénicas, así que no podía dejar pasar esta ocasión que me brindaba Culturarts al ofrecerme la posibilidad de proponer a alguien para la imagen de Happy End, para invitarte a lo que tan generosamente aceptaste. Y ha sido una felicidad poder charlar contigo en el tiempo previo y nebuloso sobre ideas y conceptos de comunicación, y haber coincidido contigo en que todo lo que comunica tiene que arraigarse en una misma idea.

El teatro no es otra cosa que una necesidad ancestral de comunicación, que reúne a alguien que quiere narrar y alguien que quiere escuchar.

El teatro no es otra cosa que una necesidad ancestral de comunicación, que reúne a alguien que quiere narrar y alguien que quiere escuchar. Y esta reunión es el sentido primígeno que da origen al teatro. Y comunicar un acto de comunicación necesita recoger en su naturaleza la historia comunicada. Y en sentido gráfico, convertirla en un icono, un impacto gráfico con poder e intriga, que suscite interés sin ser obvio, que proponga sin desvelar, que recoja y sintetice en una idea lo esencial de la propuesta. A mi me encantan las fotografías de escena, y en esta ocasión, tenemos la suerte de que Vicente A. Jiménez ha hecho varios reportajes tanto de ensayos como de representaciones, que han dado unas fotografías excelentes. Y haber trabajado la imagen del espectáculo con cualquiera de esas fotografías hubiera dado un resultado brutal, pero elegir es renunciar, y cualquiera de esas imágenes hubiera mostrado solamente una pequeña parte, hubiera destacado solamente un aspecto. Y tal y como decíamos, un cartel tiene que hablar de la totalidad, y si es posible, proponer algo nuevo, que no existiera antes.

B: A nivel metodológico, a la hora de realizar un cartel, aunque casi prefiero decir la imagen de una obra, debido a los diferentes soportes que actualmente luego conlleva, presumo que hay tantos caminos como autores. Para Happy End, además de empaparnos del texto fue vital tu narrativa, tu introducción a Brecht y esta obra, tu punto de vista sobre cómo es aquí y ahora. ¡Menudo reto! Un texto de hace 100 años y además musical.

La respuesta a la pregunta del qué para la imagen está siempre dentro, es ahí donde en mi opinión hay que buscar. Ahora bien, ese espacio no se limita al texto ni al autor y su contexto; lo que tu querías hacer, lo que has conseguido, con la obra es imprescindible. Revitalizar el carácter crítico y en cierto modo rompedor supuso por ejemplo el transgredir “la maldición del amarillo” en teatro y utilizar este color prohibido, o traducir una parte del espíritu de esta versión de la obra trabajando con la tipografía corporativa de Bancaja, detalle bastante imperceptible por el público en general pero de peso conceptual.

¿Cuáles son tus claves a la hora de trabajar en cocreación con los diferentes oficios de una obra; música, escenografía, vestuario, iluminación…?

S: Tú lo has dicho Boke: metodología. Yo parto siempre de lo racional en un proceso de creación. Todo comienza a solas y en blanco, con el texto delante. Entro en él sin prejuicios, con inocencia, sin ideas preconcebidas con la intención de atenderlo, porque entiendo que mi trabajo como director es el de interpretarlo y servirlo. Para ello, primero tengo que conocerlo en profundidad, y no solamente el texto sino su contexto en el sentido más amplio posible: naturaleza y universo del autor, momento histórico-social de la escritura y una infinidad de especulaciones sobre la intención del mismo en su escritura y el pensamiento que lo ha iluminado. Y cualquier mirada alrededor de la pieza en este sentido, puede ser detonadora.

En este camino de encuentro con la obra, ésta se me va desvelando y tomando cuerpo en mi imaginación. Ahí ya no es racional el mecanismo, es intuitivo. Llegan las ideas, pero para ello hay que estar haciendo el mismo trabajo que un minero: picando duro la piedra, buscando el filón. Es entonces cuando ya puedo comenzar a trabajar con los distintos creadores que conforman el equipo, porque tengo ya una lectura que ofrecerles. Es también cuando puedo comenzar a pensar en actores para interpretar los personajes, porque éstos ya van definiéndose en mi imaginación.

Y de mi encuentro con el texto y del intercambio de ideas con el equipo, el universo de la pieza comienza a dibujarse, sostenida en una idea compleja que como director estoy obligado a articular, mi propuesta dramatúrgica, que no es ni más ni menos que la reunión de respuestas articuladas que dan forma al universo de cada puesta en escena de una obra, que debe ser coherente y compacto en si mismo, y que debe obedecer a la mirada del director, posteriormente enriquecida por todos y cada uno de los que conforman el equipo. Llega un momento en el que la pieza va adquiriendo entidad y carácter, y ella misma te va diciendo hacia donde seguir, y admitiendo o escupiendo cada idea que surge en el proceso. Ahí tú ya no la posees. La idea adquiere cuerpo propio y ya no es tuya y ella misma te quita de en medio y tu trabajo ya pasa a ser el de servirla para hacerla más grande… Apasionante.

B: Es tremenda la cantidad de personas con las que has de trabajar además de los actores.
Me gustaría saber más acerca de tu experiencia con otras obras a la hora de plantear la imagen y qué consideras imprescindible.

S: En mi caso siempre es así como te digo: primero yo cara a cara con el texto, y cuando ya hay algo en mi interior a donde remitirme, invito a los demás, eso es lo imprescindible. No creo que en un proceso artístico compartido, cada uno de los creadores participantes tengan que operar libremente. La finalidad de una reunión de un equipo, siempre es una. Y de la dirección que propone el que lidera el grupo, depende el éxito. Eso entiendo que es dirigir: dar la indicación de la orientación o destino de un cuerpo en movimiento.

La imagen de un espectáculo es, hasta el momento del encuentro del espectador con el mismo en la representación, la primera y única noticia que tendrá de lo que va a ver.

La imagen de un espectáculo es, hasta el momento del encuentro del espectador con el mismo en la representación, la primera y única noticia que tendrá de lo que va a ver, y esa comunicación es muy importante que vaya más allá de la información “universal”. En esa información debe de haber ya una clave, la presentación de un código único y particular. Esa imagen es la puerta de entrada, y esa puerta no puede conducir a un lugar equivocado; debe ya de proponer un camino que dirija correctamente e inequívocamente hacia el núcleo central de la idea. Y además, despertar interés, curiosidad, tiene que proponer al espectador ya un enigma que desee desentrañar. Siempre he entendido al espectador como un cuerpo activo y vivo, que requiere que se le ofrezca un espacio donde participar.

B: Me viene a la mente ahora los carteles de ChéretToulouse Lautrec en aquel París de finales del XIX y principios del XX. El affiche era sin duda el más poderoso de los medios publicitarios. Desde entonces ha cambiado todo mucho, y aunque seguimos con la publicidad exterior en lonas, rollups, autobuses, marquesinas y demás, el espacio digital apunta como el medio más expansivo.

Evidentemente depende del caso; una lona en fachada de un teatro, en una localidad pequeña por donde pasa todo el mundo, sería más que suficiente, pero mi interés es sobre dónde están en tu opinión y experiencia las claves para publicitar una gran producción teatral, que como bien sabemos no es comparable con el cine u otros espectáculos.

S: Ese es el quid de la cuestión. Un siglo después de ese affiche icónico pegado en una pared como pieza de poder en una línea unidireccional de la publicidad de entonces, nos enfrentamos a un escenario múltiple e infinito, en el que es muy complejo emerger. La única posibilidad en esa difícil tarea debe pasar por transmitir la peculiar naturaleza de la materia que nos ocupa: hablamos de un arte vivo, el único y hablamos de la experiencia de compartirlo. El teatro es un hecho efímero que se produce en el encuentro del emisor y el receptor, compartiendo ambos ingredientes el mismo valor mutuo: para darse necesita tanto del uno como del otro. Un hecho biunívoco: lo próximo y lo prójimo.

Hacer saber al ciudadano que el teatro es un lugar de reflexión, observación y aproximación a las inquietudes del hombre contemporáneo.

Y por otro lado, no hemos de dar por hecho que alguien tenga la necesidad de teatro. Hay un trabajo extraordinario de búsqueda de cada espectador. El mundo ha sufrido hondas transformaciones en los últimos años. Los avances de la ciencia y de la técnica han modificado el lugar del hombre en el mundo y la naturaleza de sus relaciones sociales.

La educación y la cultura, cuyo significado y alcance se han ampliado considerablemente, son esenciales para un verdadero desarrollo del individuo y la sociedad. Y hacer saber al ciudadano que el teatro es un lugar de reflexión, observación y aproximación a las inquietudes del hombre contemporáneo y además el lugar casi sagrado de la experiencia compartida, sería el reto de los que nos ocupamos en hacer teatro y de los que os ocupáis en hacer saber que lo hacemos.

 


Fotos de Vicente A. Jimenez

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